…PUNTOS SUSPENSIVOS…
Ejercicio: escoger 10 palabras que te gusten y 10 que no te atraigan, ya sea por fonética o por semántica. Con las 10 primeras crearás un texto corto (narrativa, poesía, etc.) desagradable y con las segundas un texto corto de forma agradable.
Ejercicio: escoger 10 palabras que te gusten y 10 que no te atraigan, ya sea por fonética o por semántica. Con las 10 primeras crearás un texto corto (narrativa, poesía, etc.) desagradable y con las segundas un texto corto de forma agradable.
El souvenir.
Ring, ring,
ring. Son las seis de la mañana, ring-ring-ring-ring, ¡ring-ring-ring-ring,
ring-ring-ring-ring!, así, de manera exagerada el timbre saca a Marco de la cama. Abre un ojo,
tropieza, toma las llaves, se le caen, gira la perilla,
“¡¿Quiénchingadosssestááá…..?! Y no hay nadie.
Marco tarda en
reaccionar y más sin cafeína.
Justo antes de cerrar se da cuenta que alguien había dejado un paquete sobre el
tapete de “Jom-suit-jom”, abre bien
los dos ojos, lo toma, cierra la puerta, lo coloca sobre la mesa y se sienta
frente a él. Respira profundamente tratando de tranquilizarse. Lo acaricia, un
envoltorio tan fino podría contener una alhaja o un órgano. La textura se siente tersa,
como la piel de una mujer. Marco retira las manos tan repentinamente que hasta
la silla se hace para atrás. Un zumbido lo pone más alerta. No, no es un
zumbido, es un murmullo. Se acerca lentamente, se inclina sobre la mesa. Duda.
El paquete es un ente locuaz
que emite palabras yuxtapuestas
sin sentido o al menos así parece. Le da vueltas no sólo a la idea, también a
la mesa. Una, muchas, infinitas
veces. Nervioso. De vez en vez se acerca para volver a tocar ese objeto de
carácter versátil
destinado a estar con él. No entiende. Vuelve a darle vueltas tratando de
descifrar el algoritmo.
Siguen siendo las seis de la mañana, eternamente las seis
Ella y él.
¡Eres un bruto!, ¡quítate de ahí bruto!, ¡suéltalo Bruto
que lo vas a romper! Tantas veces le dijeron que era un Bruto que hasta él
había olvidado su propio nombre.
Pero hoy, al caer la tarde, el grotesco
apelativo en la voz de la Carmela se escuchaba casi celestial. “Ven, ven
conmigo”, le dijo y buscaron un lugar privado. Ella encantadora, él torpe con movimiento
holgado. Las manos
acariciaron el cuerpo torcido de Bruto por primera vez y él no sabía cómo
sentir bonito. Las
manos callosas intentaban ubicarse
sin hallar manera.
Carmela las metió bajo su pantaleta. El roce de
ella le cortó el aliento. Carmela acaricia la piel verdosa con la punta de su
nariz, casi sin tocarla. De golpe el miembro se le puso firme, tieso, como el prototipo de un soldado a punto de guerra.
La pupila dilatada, taquicardia, con los huevos gritando ¡Carmela, Carmela, te deseo más
que nunca! ¡PUM!
***
Para ella esto es solo entretenimiento, tal vez, no se sabe. Pero
Bruto, ¡ah!, para él…
***