Lo mío, lo mío es contar historias... no matter what

1.11.14

Taller Literario I

…PUNTOS SUSPENSIVOS…   
Ejercicio: escoger 10 palabras que te gusten y 10 que no te atraigan, ya sea por fonética o por semántica. Con las 10 primeras crearás un texto corto (narrativa, poesía, etc.) desagradable y con las segundas un texto corto de forma agradable.

El souvenir.

Ring, ring, ring. Son las seis de la mañana, ring-ring-ring-ring, ¡ring-ring-ring-ring, ring-ring-ring-ring!, así, de manera exagerada el timbre saca a Marco de la cama. Abre un ojo, tropieza, toma las llaves, se le caen, gira la perilla, “¡¿Quiénchingadosssestááá…..?! Y no hay nadie.
Marco tarda en reaccionar y más sin cafeína. Justo antes de cerrar se da cuenta que alguien había dejado un paquete sobre el tapete de “Jom-suit-jom”, abre bien los dos ojos, lo toma, cierra la puerta, lo coloca sobre la mesa y se sienta frente a él. Respira profundamente tratando de tranquilizarse. Lo acaricia, un envoltorio tan fino podría contener una alhaja o un órgano. La textura se siente tersa, como la piel de una mujer. Marco retira las manos tan repentinamente que hasta la silla se hace para atrás. Un zumbido lo pone más alerta. No, no es un zumbido, es un murmullo. Se acerca lentamente, se inclina sobre la mesa. Duda. El paquete es un ente locuaz que emite palabras yuxtapuestas sin sentido o al menos así parece. Le da vueltas no sólo a la idea, también a la mesa. Una, muchas, infinitas veces. Nervioso. De vez en vez se acerca para volver a tocar ese objeto de carácter versátil destinado a estar con él. No entiende. Vuelve a darle vueltas tratando de descifrar el algoritmo. Siguen siendo las seis de la mañana, eternamente las seis




Ella y él.

¡Eres un bruto!, ¡quítate de ahí bruto!, ¡suéltalo Bruto que lo vas a romper! Tantas veces le dijeron que era un Bruto que hasta él había olvidado su propio nombre.

Pero hoy, al caer la tarde, el grotesco apelativo en la voz de la Carmela se escuchaba casi celestial. “Ven, ven conmigo”, le dijo y buscaron un lugar privado. Ella encantadora, él torpe con movimiento holgado. Las manos acariciaron el cuerpo torcido de Bruto por primera vez y él no sabía cómo sentir bonito. Las manos callosas intentaban ubicarse sin hallar manera.
Carmela las metió bajo su pantaleta. El roce de ella le cortó el aliento. Carmela acaricia la piel verdosa con la punta de su nariz, casi sin tocarla. De golpe el miembro se le puso firme, tieso, como el prototipo de un soldado a punto de guerra. La pupila dilatada, taquicardia, con los huevos gritando ¡Carmela, Carmela, te deseo más que nunca! ¡PUM!
***
Para ella esto es solo entretenimiento, tal vez, no se sabe. Pero Bruto, ¡ah!, para él…

***