Lo mío, lo mío es contar historias... no matter what

25.12.09

Fonética y fonología


Fonética
También quisiera agradecer al que puso el bomp en el bomp-bo-bomp-bo-bomp, hizo que esa mujer hermosa pusiera sus ojos en un pobre diablo como yo. Aquella mañana veía en el espejo mi nombre invertido en el gafete mientras me rasuraba, mi panza cuarentona apenas si permite cerrarme el uniforme, era un martes como un jueves o lunes, chequé tarjeta al entrar como los otros 312 y comencé mis labores. Hermosa entró al edificio y todo desapareció. Traía la mirada vengativa y la falda a medio muslo. Fumando en un lugar prohibido, echó un vistazo a su alrededor con la respiración agitándole el escote, no sé por qué pero me eligió, me clavó sus ojos con grumos negros y nos fuimos detrás del lugar para estar a solas, mi corazón latía rama-rama ding-dong y el de ella parecía no latir. Leyó mi nombre en voz alta y lo repitió todo el tiempo ignorando mis balbuceos. Me exigió que la nalgueara, su lengua no me dejó hablar. Al final encendió un cigarro y se sacudió la falda. Me quedé como pendejo, como un pendejo con la suerte de estar en el momento preciso cuando Hermosa se encontraba despechada, hostil o caliente. Quién fue el autor, lo quiero conocer hizo a mi novia amarme más.

Fonología
Al principio lo hacía de juego pero ya ves lo que dicen de las repeticiones, se convierten en costumbre y luego en hábito, pues así fue como adquirí epilepsia. Sí, es verdad, te digo que por eso no puedo volver a escuchar la canción de surfing bird en ninguna de sus versiones. ¡Está cabrón! Basta con que escuche el pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-ooma-mow-mow papa-ooma-mow-mow para comenzar a sentir un calambre por las plantas de los pies que me sube por las corvas hasta las vértebras. No me hagas repetirlo, no querrás que las manos me viboreen, las piernas se me sacudan y se me haga el ojo de huevo cocido. Las primeras veces me gustaba sacudir con fuerza los hombros y poner cara de loco hasta quedarme estático. Justo en la parte donde se hace un silencio me quedaba quieto en alguna postura complicada como apoyándome sólo en el pulgar del pie, y cuando arrancaba de nuevo la música, me dejaba caer al suelo retozando de manera extravagante, sin escatimar en golpes o cosas que se estrellaban en mi cara, papa-ooma-mow-mow ooma-mow-mow, papa-ooma-mow-mow.


¿Quién puso el bomp? - Los Teen Tops – 1961
Surfin’ bird - The Trashmen – 1963

Revista Grrr/La aguja en el vinilo

14.12.09

¿Pero qué de malo tenía George?

Cuando de periódicos se trata yo compro El Universal. No creo que sea el mejor periódico simplemente mis papás compraban El Universal, mi abuelo compraba El Universal, mis vecinos también compraban El Universal y no veo por que dejar la tradición. Me gusta hojearlo sin interés sólo para seleccionar qué parte leeré primero, y así dejar las noticias idiotas para leerlas en el baño. Pero este martes me encontré con la noticia más absurda que he leído jamás, tanto que me atrapó y la leí justo antes del desayuno, mientras preparaba mi café: George Garratt, un músico recién graduado en Glastonbury, Inglaterra de 19 años, cambió oficialmente su nombre a ”Capitán fantástico más rápido que Superman Spiderman Batman Wolverine Hulk y Flash Juntos”.

¿Qué de malo tenía George? Tal vez el llamarse así lo estaba condenando al mismísimo infierno. Mario, por ejemplo, significa el elegido, amado por dios. Y bueno nunca me he sentido amado por dios pero si un elegido. Mis padres eligieron mi nombre por alguna u otra razón. Así como eligieron mis primeras escuelas, mis primeras reuniones, mis primeras ropas, vamos ¡hasta me bautizaron! Es diferente para todos el momento en que ponemos un hasta aquí y comenzamos a tomar nuestras propias decisiones.

Pero con el nombre se carga toda la vida. –Tú no tienes cara de Mario– me dijeron una vez y la verdad es que en ese momento recordé que todas las Karlas son unas ingratas. Karlita Paez, que estaba conmigo en la primaria, siempre me perseguía en el recreo o algo así, no se, pero la recuerdo con desprecio; igual que la otra Karla que conocí en la preparatoria y nunca me dio el sí y ahora la que conozco de mi trabajo, tan ingrata como mi tía Karla de la familia de mi papá.

El hasta hace poco George Garrant decidió no determinarse como un cualquiera y decidió tomar otro camino impetuosamente. Rompió con la realidad y se convirtió en lo que todos envidiamos: la fantasía de uno mismo. Es maravilloso el diálogo de Agrado en la película de Almodóvar: “Uno es más sincero cuanto más se acerca a la imagen o al sueño que se tiene de si mismo”.

Cada que nos acercamos a la locura de quien realmente queremos ser la gente se aleja más de uno. Luego estamos tan acostumbrados a ver a la gente de una forma que cuando cambian sentimos terror y no sabemos que hacer así que es mejor rechazarla y reclamarle que la desconocemos. La abuela, la madre y varias tías dejaron de hablarle al Sr. Fantástico aterradas con la idea de que se cambiaría el nombre al igual que algunos parientes míos siguen aterrados al verme dedicado a esto que yo hago.

¿Cuánto cuesta ser tú mismo? Pues a este joven le costó lo equivalente a doscientos pesos mexicanos. Para ser el precio por ir contra la corriente y encontrar tu propia esencia me parece muy bajo.

El año pasado en Nueva Zelanda a una pareja le prohibieron nombrar a su recién nacido “4real” (en serio), y a cambio eligieron ponerle Superman, el cual les fue permitido. Ahora sí que esto parece broma. Como aquella fotografía, en otras páginas de El Universal de hace más de diez años, una niña de 3 años que vestía una corona de flores y un vestido de encajes para presentarla ante El Señor cuyo pie de foto mencionaba su nombre: María Disneylandia. ¿Cómo te presentas ante el señor o ante quien sea con ese nombre?

Entiendo al Sr. Capitán fantástico más rápido que Superman Spiderman Batman Wolverine Hulk y Flash Juntos qué quiso romper o jugar con todo esto, y darle un twist a la historia sacando de quicio al guionista de su vida.

‘Adopta nombre kilométrico con motes de superhéroes’

El Universal

Ciudad de México Martes 04 de noviembre de 2008

11.12.09

comentario

yo te recomiendo que mejor te quedes con ese pensamiento en lugar de con la verdad

7.12.09

7

ya no hay hombres con gabardina en las calles nocturnas
que quieran mostrar sus partes nobles...

6.12.09

12

los ingredientes limitados son sólo un aliciente para la imaginación

No sólo Elvis es mi ídolo

En memoria de Lechuga

Era sábado por la noche, la Jovana y yo salimos a cotorrear y escuchar unas bandas rocanroleras en un bar de Aguascalientes, el furor nos invadía, Los Twin Tones hacían tronar las bocinas a todo volumen con su capello di mariachi, no podíamos dejar de bailar, giros y estallidos, guitarrazos y euforia, las miradas se cruzaban a gritos, rostros desfigurados por la emoción, salpicones de cerveza encaguamada, nos jalábamos los pelos algunos a los otros, rebotábamos con las bocinas, tropezábamos con los cables, la banda le subió al volumen, se tumbaron atriles, bajista y tarola, poníamos cara de zombis o de locos o con ojos de huevo cocido al bailar, el guitarrista se metió entre nosotros y hubo quienes lo alzaron en hombros, levantamos los puños en forma de cuerno metalero, sentí que estaba a punto de estallar cuando la Jovana arrebató el micrófono para expresar su devoción a la banda, señaló al cantante y le gritó: –¡Eres mi fan! Se hizo un breve silencio y todos nos miramos. Ella quería decirles que eran sus ídolos pero su dislexia desordenó la frase a modo de terminar en carcajadas.

Será que todo me lo tomo muy personal, hasta lo que no me incumbe. Me gusta poner atención donde no me llaman, comentar lo que no me preguntan y hacer de lo más insignificante un motivo para idolatrar. Cuando alguien se convierte en mi ídolo y deja en mi una dulce sensación de adoración desmesurada no dudo en decirle que es mi fan para desenlazar el momento de fervor con un extraño sabor a inquietud. Un ídolo no es sino un fetiche más a la colección. A cada rato me topo con personas o cosas que me provocan un entusiasmo desmedido y me dejan hechizada. Admiro al ídolo anónimo, aquel desconocido nadaqueveriento que deja una huella profunda en mí por tan solo un instante, aquellos que me dejan un legado que seguir, una herencia que nadie quería, tal vez ni yo.

Una noche caminando por el malecón de Mazatlán se me acercó un hombre teporocho, de esos que cargan con años de más. –Te vendo mi memoria, me dijo –he vivido mucho y tengo mucho que contar. Si tú me compras un recuerdo yo tejuropordios que nunca jamás lo volveré a recordar. Ese jamás me obligó a meter la mano en mis bolsas. Saqué el puño con un billete de 20, unas monedas de a peso, un encendedor con pelusa y un ticket del oxxo. El aceptó todo y me habló de la noche que enamoró a una mujer de Tabasco y cómo se perdieron tres días en wiskey.

Ahora, se que hay asuntos indiscutibles como que Elvis es el rey o que Juan Gabriel es el único filósofo mexicano vivo pero me basta sólo un momento, un estallido, como cuando descubrí tras la ventana a mi abuelita Lucita cantándole a sus plantas, para convertirme en una completa stalker de la ideología ajena.


Revista Miscelánea / 2009

Quemadura Grado 186C

Soy muy bueno encontrando imágenes interesantes en internet. Como aquellas apetitosas ciruelas. Una tarde, searchando imágenes con el código pantone 388C, vi la primera de ellas. Era tan roja que estaba a punto de reventar en púrpura. Saltó hacia mí desde la pantalla, agrandé la imagen inmediatamente. Comencé a babear. No podía dejar de mirarla, bajé la foto de la apetecible ciruela a mi computadora. Me dio pena ponerla de fondo de pantalla. Esa piel carmesí parecía transpirar dulzura. Me estaba volviendo loco. Entré a la página de la imagen que me tenía alucinado. Me encontré con toda una serie de fotografías de muchísimas ciruelas. En todos sus rojizos y tersos colores. Era fantástico ir de una en una mirando su piel, unas al sol, otras en prados. Me volví el visitante más asiduo de la página. Me quedaba horas observando las rojizas ciruelas, fantaseando, deseando hacerlas mías. Un día la fotógrafa de ciruelas se puso en contacto conmigo.

En torreón se siente el calor extremo de un junio a medio día. Yo soy un tipo pálido, norteño y necio. Ella, con el tiempo, me convenció de que la cita que le proponía debía ser en la playa. Prometió enseñarme sus ciruelas y yo no pude negarme. Reservé el primer vuelo al mar y aun así tuve que esperar tres días más. Me la pasé viendo las imágenes de las ciruelas desfachatadamente, absorto por la infinita gama rojiza. De noche, sudoroso e hipnotizado por el empalagoso granate, sólo dormía un par de horas.

–Ese güey ya tiene como 7 horas aquí mí-ni-mo. O sea nosotros llegamos tipo como a las 10 y él ya se veía bastante instaladito. Aunque bien raro ¿verdad tú? –Si. Nada más estaba ahí parado viendo las olas, como juído. –Sólo se movía cuando se volaba su manta. –¡No te burles! Pobrecito, todo amarillento. Ya al final se veía bien ardido. –¿Verdad que hasta comentamos hace rato que qué risa sería si lo viéramos achicharrarse? –¡Ya güey! –Tonces yo creo que si ha de tener más horas, ya pasan de las 6.

Estoy que me hierve hasta el sudor. Mi piel está de un rojo casi bermellón. Pienso en las ciruelas, se me enchina el cuero y me arde peor. Ella nunca llegó. Arde admitir que me duele. Pensé en no reclamarle nada. Sudoroso y bajo el sol no se nota lo colorado que estás, cuando llegas y te das un regaderazo helado, ahí es cuando brota toda la rojez. Tan sólo la brisa sobre la piel es suficiente para provocarte un ligero ardor.

Jaime es muy bueno encontrando imágenes interesantes en internet. Como aquellas espaldas bizarras. Una tarde, searchando imágenes con el código pantone tipo 151C, vio la primera de ellas. Era tan roja que estaba a punto de reventar en púrpura. No podía dejar de mirarla, impactado. Le dio pena tenerla en la pantalla. Esa piel carmesí, que parecía transpirar dulzura, lo estaba volviendo loco. Entró a la página de la autora de la imagen que lo tenía alucinado. Y se encontró con toda una serie de fotografías de él y su espalda ardida. En todos sus rojizos y tersos colores. Desde el pálido blancor de su llegada hasta su partida escarlata. Ya no puede enojarse. Ella si estuvo ahí.


Revista Miscelánea / 2009

Total eclipse of my heart o mejor conocida como turn around

Mariana terminó con su novio antes de romper su record de 3 meses con 3 semanas. No es que sea una despechada, es una adicta al desamor y al karaoke. Hace varios años cuando la cortó Gerardo, su primer novio, sus amigas la obligaron a ir a un karaoke para distraerse. Decidió ir pero aclaró que no pensaba hacer el ridículo.

Entraron al bar. Una espantosa voz chillona pretendía igualar a Whitney Houston. I'll always love you es una canción que debería ser eliminada de todos los karaokes del planeta. Mariana pidió el primer tequila con pocos ánimos y el séptimo lo pidió a gritos y carcajadas. Escogió las clásicas de dolor. Que si José Alfredo Jiménez que si Juan Gabriel. –¡Adiós a las cantinas con rocola, hola a los bares con karaoke!– Gritaba como loca mientras le arrebataban el micrófono.

Entonces fue cuando sucedió. Le pusieron play a la rola 1523. El animador dijo su nombre. Mariana brincó de su asiento. Un piano transformó su rostro. Turn around, every now and then I get a little bit lonely and you never coming around. Se le dilataron las pupilas, las manos se le hincharon, el micrófono chilló, las rodillas le temblaban, and I need you now tonight, and I need you more than ever. Al día siguiente tenia cruda de alcohol y Bonnie Tyler.

Marcelo baja corriendo las escaleras eléctricas del metro zigzagueando entre la gente para ganar tiempo. Apenas lleva poco más de un año en el Distrito Federal y ya tiene prisa para todo. En el metro Balderas aplica el atajo frente a la placa en honor a Rockdrigo para no caminar hasta Observatorio. Llega patinando al andén. Poco a poco fueron llegando todas las personas que rebasó desde el torniquete de la entrada. Aquí no es como en Torreón que, ni hay metro ni hay urgencia de llegar.

El metro tarda en llegar seguramente por que esta parado sin motivo alguno a mitad del túnel y frente a Marcelo una pareja se besa como si estuviera a solas. –¡Puta, otra vez!– piensa Marcelo mientras busca desesperadamente su ipod en la mochila para evitar ver como él intenta bajar las manos hasta las enormes nalgas de la señora. Continúa buscando. Ella le quita las manos a carcajadas pero sin dejar de besarse.

Desvía la mirada mientras se pone sus audífonos, otra pareja de adolescentes se besuquea también y más atrás otro par, unos punks, otros no. –¡Chale!– Tuerce la mirada. –Tengo una mejor idea.– Y se clava en sus tenis que tamborilean el suelo al ritmo de The Cynics.

Mariana domina todos los karaokes del Distrito Federal, incluso está vetada en algunos. En sus pesadillas hay puntos que chocan contra sílabas haciéndolas cambiar de color. Pretende aguantarse. No puede, habla sola, necesita desesperadamente un shot. Un sudor helado le recorre el cuello y las axilas. Para calmar su ansia enciende su computadora y busca en youtube: karaoke eclipse turn around. –¿Estará?– se pregunta en voz alta mientras el relojito de la pantalla da vueltas. Abre el link: www.youtube.com/watch?v=V–sCrhRPCMg&feature=related Una fuerte acidez recorre su esófago. Once upon a time I was falling in love now I’m only falling apart. There’s nothing I can do a total eclipse of the heart. –¡Tengo que salir ya, ya, ya!– Mariana azota la puerta.

Lo que más apesta del metro es que hay gente besándose por doquier. ¡No dan chance chingado! Las distancias son tan significantes que hay encuentros románticos en cada estación. Puedes citar a tu pareja en La Raza y a tu amante en Chabacano asegurando que no se te junte el lavado con el planchado.

Es viernes por la tarde y Marcelo baja por las eternas escaleras eléctricas del metro de Tacuba. Se cruza con la mirada de Mariana que viene subiendo por las escaleras de a lado. Se pone sus audífonos y ve que el metro esta en el andén esperando con las puertas abiertas.

Mariana tenía toda la semana esperando el fin. Entró corriendo a la estación. Mientras subía por las escaleras observaba a los que venían en contra flujo. Un chico despreocupado llamó su atención y decidió regresar, bajar y meterse a su mismo vagón. Lo localizó recargado sobre un tubo piconeándole a su ipod. Las puertas del metro se cerraron. Mariana le clavó la mirada de loca.

–Voltea, voltea, voltea, voltea, voltea, voltea, voltea, voltea, voltea, voltea, voltea…– por dos, tres estaciones. Y Marcelo volteó. Se miraron. Marcelo no la quiso besar pero si la invitó a su casa.

–¿Bueno? –
–Hola mi amor. Hoy cumplimos tres meses.–
–Ay Mariana… a mi me valen esas cosas.–
–Eres un grosero.–
–Y tú una ridícula. ¿Vamos a una cantina?–
¬–Perfecto. ¿En qué metro nos vemos?–
–No, no, mejor paso por ti, en esta ciudad esta cabrón coincidir. –


Revista Miscelánea / 2009

El poder de una peluca


“cabellos cortos, largos ¿qué más da?
la inteligencia se mide por algo más
yo tengo el pelo largo
también lo lleva un rey
y un filósofo griego
y hasta el mismo frankenstein
es la edad, es la edad”

Los Salvajes suenan desde las bocinas de mi tocadiscos, una tarde sola en mi casa llena de ruido rocanrolero. Yo bailo sin parar. Luego repito la canción mientras busco otro disco que escuchar. No cabe duda que eso de traer la cabellera alborotada o aplacada ha sido tema de discusión a través de todos los tiempos.

La peluca de cada quien es una característica distintiva más, pero con la asombrosa cualidad de que crece –al igual que las uñas, la nariz y las orejas, aunque estas últimas dos en menor medida-. La cabellera es una carta de presentación que podemos falsificar cuantas veces queramos. Es la oportunidad de asumir un nuevo personaje ante la vida y vivir esa experiencia.

Tengo la percepción de que la gente se comporta con el mundo de la misma manera en la que se comporta con su cabello.

Me gusta caminar por las calles entre las multitudes y adivinar el estilo de vida según la forma de lucir sus pelos. Hay quienes se les ve lo cresti-bajos a varios metros de distancia. Yo, a lo lejos, prefiero ir descubriendo cuántos peli-chinos se cruzan en mi camino.

No puedo comprender como hay gente que se siente verdaderamente comprometida a traer el mismo peinado hasta la tumba, más allá de los cambios biológicos y naturales.

Hay chicas que, antes de que se abran las tijeras, encajan la barbilla entre las chichis como si con ello estuvieran entregando la virginidad de su cabellera; y chillan ¡ay ay ay pero no me cortes muuucho! temerosas de cambiar de estilo o de opinión en cualquier nivel, les aterra la idea de verse en la necesidad de un impulso estúpido y luego despertar y ser diferentes.

O esas melenas que tienen tanto estilo propio que asustan a los dueños que insisten en aplacarlo, hacerlo de algún otro modo más convencional o traerlo planchado al igual que las otras melenas de alrededor para pasar desapercibida y no resaltar. No se les permite encresparse por la adrenalina y jamás, jamás lucirían un hermoso crepé.

Los cabellos son así por algo, embuclado, rebelde, parado o con remolinos. El cabello tiene su propio discurso y hay que saber jugar con él.

“Me gusta reír, cantar y bailar
soy joven, es la edad”

Los peinados deben ir más allá de una simple cola de caballo. Mis favoritos son aquellos abultamientos llamados almohadazos. Esto no se logra fácil ni a la primera. Pero cuando despiertas una mañana y al mirarte al espejo te das cuenta que luces único e irrepetible, entonces eres portador de un almohadazo digno de lucirse. Cuando esto me sucede me apuro a salir orgullosa a la calle y lucir mi peinado perfecto de cresti-altísima peluca.

“y por la calle dicen sin razón:
joder este chico parece un león”

En fin, como te ven, te tratan. Y bajo estas circunstancias, la gente se aferra a los prototipos ya aceptados perdiéndose la oportunidad de vivir la experiencia de jugar con la alquimia de la personalidad.


Es la edad - 1966
Los salvajes – España

Revista Miscelánea / 2009

ὀνοματοποιΐα

by nelli david