Lo mío, lo mío es contar historias... no matter what

6.12.09

El poder de una peluca


“cabellos cortos, largos ¿qué más da?
la inteligencia se mide por algo más
yo tengo el pelo largo
también lo lleva un rey
y un filósofo griego
y hasta el mismo frankenstein
es la edad, es la edad”

Los Salvajes suenan desde las bocinas de mi tocadiscos, una tarde sola en mi casa llena de ruido rocanrolero. Yo bailo sin parar. Luego repito la canción mientras busco otro disco que escuchar. No cabe duda que eso de traer la cabellera alborotada o aplacada ha sido tema de discusión a través de todos los tiempos.

La peluca de cada quien es una característica distintiva más, pero con la asombrosa cualidad de que crece –al igual que las uñas, la nariz y las orejas, aunque estas últimas dos en menor medida-. La cabellera es una carta de presentación que podemos falsificar cuantas veces queramos. Es la oportunidad de asumir un nuevo personaje ante la vida y vivir esa experiencia.

Tengo la percepción de que la gente se comporta con el mundo de la misma manera en la que se comporta con su cabello.

Me gusta caminar por las calles entre las multitudes y adivinar el estilo de vida según la forma de lucir sus pelos. Hay quienes se les ve lo cresti-bajos a varios metros de distancia. Yo, a lo lejos, prefiero ir descubriendo cuántos peli-chinos se cruzan en mi camino.

No puedo comprender como hay gente que se siente verdaderamente comprometida a traer el mismo peinado hasta la tumba, más allá de los cambios biológicos y naturales.

Hay chicas que, antes de que se abran las tijeras, encajan la barbilla entre las chichis como si con ello estuvieran entregando la virginidad de su cabellera; y chillan ¡ay ay ay pero no me cortes muuucho! temerosas de cambiar de estilo o de opinión en cualquier nivel, les aterra la idea de verse en la necesidad de un impulso estúpido y luego despertar y ser diferentes.

O esas melenas que tienen tanto estilo propio que asustan a los dueños que insisten en aplacarlo, hacerlo de algún otro modo más convencional o traerlo planchado al igual que las otras melenas de alrededor para pasar desapercibida y no resaltar. No se les permite encresparse por la adrenalina y jamás, jamás lucirían un hermoso crepé.

Los cabellos son así por algo, embuclado, rebelde, parado o con remolinos. El cabello tiene su propio discurso y hay que saber jugar con él.

“Me gusta reír, cantar y bailar
soy joven, es la edad”

Los peinados deben ir más allá de una simple cola de caballo. Mis favoritos son aquellos abultamientos llamados almohadazos. Esto no se logra fácil ni a la primera. Pero cuando despiertas una mañana y al mirarte al espejo te das cuenta que luces único e irrepetible, entonces eres portador de un almohadazo digno de lucirse. Cuando esto me sucede me apuro a salir orgullosa a la calle y lucir mi peinado perfecto de cresti-altísima peluca.

“y por la calle dicen sin razón:
joder este chico parece un león”

En fin, como te ven, te tratan. Y bajo estas circunstancias, la gente se aferra a los prototipos ya aceptados perdiéndose la oportunidad de vivir la experiencia de jugar con la alquimia de la personalidad.


Es la edad - 1966
Los salvajes – España

Revista Miscelánea / 2009

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